Por:
Luisa Ivone Restrepo C.
Comunicaciones y Prensa
Comité Paralímpico Colombiano
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Maritza Arango es una de las paraatletas con más trayectoria que hay en Colombia, logró ser medallista en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro en 2016 y se ha convertido en un referente del deporte paralímpico en el país. Ella perdió la visión a los 23 años como consecuencia de una retinitis pigmentosa, una enfermedad degenerativa de la retina del ojo, que con el tiempo provoca una pérdida visual entre moderada y grave. A pesar de este diagnóstico, Maritza se mantuvo firme y encontró en el deporte una excelente oportunidad, “la mejor decisión que pude haber tomado en mi vida fue abrirle la puerta al deporte”, asegura sin titubear.

Arango nació el 19 de marzo de 1978, en Argelia, un municipio ubicado en el departamento de Antioquia, en el que las carreras de mulas y las riñas de gallos forman parte de las diversiones tradicionales de la localidad. Allí vivió su niñez con algunas dificultades, o como ella lo califica, tuvo una infancia algo dura en la vereda Santa Marta, en ese entonces un lugar sin luz, ni carretera y retirado del centro del municipio, “estábamos a cuatro horas y para llegar teníamos que ir en caballo o a pie. Para ir a la escuela me demoraba media hora más o menos”, fue educada en la escuela Marco Fidel Suarez.

Al ser una familia numerosa, conformada por seis hijas mujeres y dos hombres, todos debían apoyar las actividades del hogar, así que al salir de la escuela, además de hacer sus deberes, también tenían que realizar otras tareas hogareñas, “al llegar a la casa tenía que hacer el oficio, ayudar a mi papá con el tema de la agricultura, traer el cuido para los caballos, encerrar los terneros, moler café, recoger café, entrar la leña porque la necesitábamos para cocinar, después de eso, debía hacer las tareas por la noche a luz de vela o lámpara de petróleo”, mencionó Maritza. De esta manera creció, siendo una mujer luchadora y trabajadora. A sus 18 años salió de la vereda y se radicó en Medellín para trabajar.

A los 23 años perdió la visión, un hecho que cambió su vida y al que tuvo que adaptarse para enfrentar una nueva realidad. Aunque nunca se imaginó corriendo, llegó al deporte paralímpico por Juan Guillermo Rodríguez, un compañero que era deportista: “dos años antes de entrar al deporte, él me insistía mucho que ingresara al atletismo, pero nunca me había gustado, no me veía corriendo y mucho menos con la visión perdida. Él me decía que tenía buen porte, que entrenará que él veía buenas condiciones en mí”.

Después de un tiempo Juan Guillermo logró convencerla y en julio de 2008 decidió darse la oportunidad e ir a entrenar, “al principio lo veía difícil y duro porque nunca me imaginé corriendo y sin poder ver, pero puse todo en manos del guía y aquí voy, fue la mejor decisión que pude haber tomado en mi vida”.

Ella entrena como cualquier otro deportista de alto rendimiento. Para ella no hay obstáculo, se exige a fondo y siempre quiere dar el cien por ciento, por eso su motivación en cada presentación son “las ganas de seguir luchando y de salir adelante, mejorar mi calidad de vida, darle un mejor futuro a mi hijo y dar lo mejor de mí para representar a mi país a nivel internacional en los diferentes eventos”, enfatiza.

Cuando está en competencia busca la excelencia. Junto a su guía, Jonathan Sánchez, hacen una dupla ganadora, él se encarga de motivarla, de protegerla y de acompañarla hasta la línea final, Trabajan juntos para realizar la mejor presentación en cada competencia, se preparan antes en todos los aspectos, se visualizan para proyectar lo que quiere lograr y dan lo mejor de ellos en cada entrenamiento.

En su carrera deportiva ha obtenido diferentes e importantes logros, es especialista en pruebas de media distancia en la categoría T11. Dentro de sus triunfos se destacan las medallas de plata en los 800 metros ganadas en dos Campeonatos Mundiales de Atletismo y las dos medallas de bronce que logró en los Juegos Paralímpicos de Río 2016 en las pruebas 1500 m y 4 x 100 m.

En 2011 fue elegida para hacer parte de la Selección Colombia en el Campeonato Mundial de Para Atletismo y desde ese momento lleva la tricolor con orgullo, “he sido medallista en cuatro mundiales consecutivos, estos fueron Nueva Zelanda 2011, Francia 2013, Qatar 2015 y Londres 2017. También he sido medallista parapanamericana, obtuve una medalla de oro en Toronto, Canadá 2015 y medallista parapanamericana en Lima 2019”.

Maritza se despide agradeciendo y dejando un mensaje a las personas que se dejan vencer por alguna situación o cualquier obstáculo que encuentran en su camino: “no se pongan limites, la discapacidad está en las personas que no quieren y no les gusta hacer nada”.

Esta es la historia de una mujer que superó sus miedos y le puso frente a cada situación, una imPARAble de corazón.